lunes, 26 de febrero de 2018

soy como marta sánchez pero en posmoderna

El lugar al que llamo España
morirá cuando regrese a él. El último día
de España cerraré con llave la puerta de mi casa
en este bosque de Reading  y me iré
a la física tierra del dracma antiguo y las pesetas;
triste memoria rota de mi país en el alma.
Al mar manchado de petróleo y a la luz tan escanciada
de la corrupción y las angustias. Allí también
el alquiler y la inquina, los trabajos nocturnos
y la infinita paciencia de las horas. La llegada con los libros
sin leer, ligándome a la vecina a cambio de sus apuntes. Los emails
pidiendo una extensión en la entrega. También serán allí,
en mi país ya roto por la experiencia. Quedará el sol
con su mentira redonda y limpia,
y aunque en flores se avecine el fruto del verano,
el Hexágono beberá latente de la muerte que sestea;
el azahar será marchito por un calor de vida que acongoja.
...
Yo recuerdo mis paseos de bicicleta en los jardines
con un libro corto de Manuel o de Alejandro en la mochila
para luego no sacarlo al ver al chico levantando el brazo con un gesto
que Diego de Silva, ya más tarde, crucificaría en otro sitio.
Las fronteras de este mar de primavera
son de un hierro forjado en flores y alientan el paso a los cuerpos dúctiles para que se derramen
por las fuentes agotadas tras la tapia del Alcázar. En ellas he guardado
la visión de la patria.
Pero aún tacharé todo y volveré a este poema 
cuando me llame el frío;
cuando la España que creé
supere a la de Dios con desmesura. 

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