miércoles, 2 de mayo de 2018

Primavera lejana

El aire húmedo que anega
lás águilas del cielo y la razón tardía;
la espera que no aguanta, el horizonte
que ya no se vislumbra (no hay mar 
en esta isla vacía). Un violonchelo
antiguo de vivir, ya violagambista, 
huye de este sitio: la madera sabia 
conoce este afajo antiguo, hoy ajado,
de su talud hacia el mango. Sabe de estas nubes,
de esta triste agonía del sol a plena tarde:
del asco y la migraña, del barro en el alma,
del grito triste de un borracho, arco en ristre
y vientre tenso.

Aquí sólo quedamos los sordos,
los inútiles, los malos artistas. Los vencejos
tuertos, los hombres que apenas se permiten
el dolor en estos meses; la dureza recordando
el material del tiempo, las manos rotas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario